Categoría: accidentes de tráfico

La denuncia por la aseguradora de la prórroga del contrato no implica una cobertura adicional de un mes posterior a la vigencia temporal pactada Texto Jurisprudencia comentada Voces

Inaplicación de lo normado en el art. 15.2 de la LCS. No se trata de un supuesto de impago de la prima, sino de denuncia de la prórroga del contrato por la aseguradora.

Tribunal Supremo, Sala de lo Civil, Sentencia 141/2020, 2 Mar. Recurso 636/2017

El Consorcio de Compensación de Seguros ejercita la acción de repetición frente a la aseguradora del vehículo causante del siniestro.

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Qué se entiende por asegurado en el seguro de defensa jurídica a efectos de la libre elección de abogado

Si en la póliza se garantiza la defensa jurídica del asegurado así como de sus ascendientes, descendientes y cónyuge, debe reconocerse a la unidad familiar la condición de asegurado y la facultad elegir libremente abogado y procurador para su defensa y representación.

Tribunal Supremo, Sala de lo Civil, Sentencia 373/2019, 27 Jun. Recurso 2265/2016 

 

La demandante reclama a la aseguradora con la que su marido suscribió un seguro de defensa jurídica el coste de los honorarios del abogado libremente designado por ellos para su defensa jurídica en el proceso seguido a consecuencia del accidente de tráfico en el que se vieron implicados. La compañía demandada rechazó la reclamación por considerar que la minuta no estaba incluida en la cobertura.

La demanda fue desestimada en ambas instancias por considerar que las reclamaciones formuladas por el cónyuge del asegurado no estaban incluidas dentro de la cobertura de la póliza. Por el contrario, el Tribunal Supremo, tras estimar el recurso de casación presentado por la parte actora, condena a la aseguradora demandada al pago de la cantidad reclamada.

Para ello, realiza una interpretación conjunta del clausulado de la póliza a efectos de determinar qué se entiende por asegurado a efectos de la libre elección de abogado.

El art. 76 d) de la Ley 50/1980, de contrato de seguro (LA LEY 1957/1980), reconoce la libre elección de abogado y procurador en el seguro de defensa jurídica, y concede ese derecho de elección al asegurado.

En este sentido, la cláusula de la póliza que contiene el alcance de la garantía de la defensa jurídica hace mención al asegurado, conductor, propietario o tomador del vehículo, así como a sus ascendientes, descendientes y cónyuge de cualquiera de ellos.

Por tanto, garantiza a todos ellos el pago de los gastos ocasionados para la defensa jurídica en que puedan incurrir como consecuencia de su intervención en un procedimiento administrativo, judicial o arbitral derivado de accidente de circulación, y a prestarle los servicios de asistencia jurídica judicial y extrajudicial.

En consecuencia, el Alto Tribunal concluye que la póliza en cuestión contempla la unidad familiar como asegurada en la defensa jurídica, por lo que considera que no sería razonable que la mención del asegurado para la libre elección de abogado y procurador para su defensa y representación excluyese a las personas que tengan un interés económico en el siniestro, contempladas en dicho clausulado, esto es, quienes hubiesen sufrido un quebranto económico con ocasión de él y se le haya garantizado su defensa.

Señala que sería un contrasentido que el asegurado, a quien la aseguradora circunscribe la elección de abogado, tuviese una dirección letrada y su cónyuge otra, la de la aseguradora, con diversidad de criterio a la hora de litigar o transigir sobre el siniestro.

La interpretación realizada por las sentencias de instancia incurre en el desconocimiento de la regla de las cláusulas sorprendentes y, más en concreto, de las expectativas razonables del asegurado.

Este, tras la lectura de las personas garantizadas por el contrato, no podría esperar que él pudiese elegir abogado y su cónyuge no, obligándoles a una doble defensa en un supuesto en que ambos son víctimas de un siniestro en el que la responsabilidad civil es de un tercero.

En definitiva, la Sala aplica la regla de “interpretatio contra proferentem” (art. 1288 CC (LA LEY 1/1889)), conforme a la cual la interpretación de las condiciones contractuales oscuras predispuestas por el asegurador nunca podrá beneficiar a este y perjudicar al asegurado.

 

El TJUE declara que el seguro del automóvil cubre los daños causados por el incendio de un vehículo aparcado en el garaje de un edificio

El siniestro está comprendido en el concepto de “circulación de vehículos” que figura en el art. 3.1 de la Directiva 2009/103/CE, de 16 de septiembre de 2009, relativa al seguro de la responsabilidad civil que resulta de la circulación de vehículos automóviles.

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Accidente de circulación provocado por la presencia en la calzada de un árbol que interceptó la marcha del vehículo

Audiencia Provincial Álava, Sentencia 144/2019, 15 Feb. Recurso 1544/2018 

El demandante ejercita acción resarcitoria de daños y perjuicios sufridos a consecuencia de un accidente de circulación debido a la presencia de un árbol en la calzada que interceptó la marcha de su vehículo.

La Audiencia Provincial de Álava confirma la sentencia dictada en primera instancia que declaró la responsabilidad objetiva que deriva del art. 1908.3º CC del propietario de la finca donde se ubicaba el árbol causante de los daños reclamados.

La Sala desestima la excepción de falta de legitimación pasiva opuesta por el demandado por ser él el titular dominical de la finca. Esta titularidad conforma el título de la responsabilidad declarada, no siendo oponible la existencia de un contrato de compraventa a terceros del derecho de la explotación forestal, el cual solo surte efectos entre las partes contratantes.

En todo caso, la responsabilidad de los titulares del aprovechamiento forestal lo será por daños causados como consecuencia de actos relacionados con tal aprovechamiento (art. 1902 CC pero dicha responsabilidad no limita ni es incompatible con la que se imputa al propietario de la finca respecto de los árboles que permanecen en la misma.

En conclusión, es la situación objetiva derivada de la ubicación del árbol, cuya caída causó los daños, la que legitima al dueño de la finca donde se ubica como responsable objetivo frente al perjudicado.

Por otro lado, no aparece debidamente acreditada la existencia de un supuesto de fuerza mayor. No consta que en el momento de la caída del árbol las rachas máximas de viento de 107 Km/h se produjeran en el lugar de autos, y en cualquier caso, la previsión meteorológica, acreditada con la documental, excluye que pueda apreciarse un supuesto de fuerza mayor al faltar los requisitos de imprevisibilidad e inevitabilidad a los que se refiere el art. 1105 CC. 

Beber alcohol con el conductor y subirse a su vehículo no degrada la imprudencia del mismo en caso de accidente

Aunque el copiloto fallecido tampoco hizo uso del cinturón de seguridad, no se castiga su actuación, sino la del conductor que, dolosamente condujo el vehículo bajo la influencia de bebidas alcohólicas y cannabis, causando la muerte de su amigo por su imprudencia grave.

Audiencia Provincial Granada, Sentencia 408/2018,

La Audiencia de Granada confirma la condena de 2 años, 6 meses y 1 días de prisión, más las accesorias, impuesta por el Juzgado de lo Penal número 3 de Granada, por un delito de homicidio por imprudencia grave en concurso normativo con un delito contra la seguridad vial, por conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas y estupefacientes.

Existió imprudencia grave al conducir un vehículo bajo la influencia del alcohol y de las drogas y a velocidad excesiva, sufriendo un accidente al salirse de la vía, sin intervención de ningún otro vehículo o elemento extraño, y causando la muerte de uno de sus amigos, ocupante del vehículo.

Constituye imprudencia grave la antigua imprudencia temeraria, que concurre cuando la diligencia omitida es la mínima exigible, la indispensable o elemental, y tal y como viene manteniendo el Supremo, toda conducción bajo los efectos del alcohol, drogas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas que produce un determinado resultado lesivo, o muerte como en el caso, es imprudencia temeraria, grave en el Código Penal vigente.

El acusado, conductor del vehículo, había consumido alcohol y TH-25, un derivado del cannabis, y este consumo sin duda afectó a sus habilidades para conducir, hasta el punto de salirse sin motivo de la vía y causando la muerte del copiloto.

Se está juzgando un delito de peligro abstracto en el que se incrimina una acción peligrosa que no precisa la existencia de un riesgo específico para el bien jurídico protegido ni la idoneidad de la acción desplegada para poner el peligro el bien jurídico protegido, pues basta con que se verifique la peligrosidad de la acción, lo que en el caso resulta innegable al dar una tasa superior a 0’60 miligramos de alcohol por litro de aire espirado.

Apunta la sentencia que la tradicional comprobación de conducir bajo la influencia de bebidas alcohólicas, solo es necesaria para tasas inferiores a 0,60 miligramos por litro en aire espirado o a 1,2 gramos por litro en sangre, pero si se superan estos límites la condena es automática. Además de alcohol, el acusado había consumido un derivado del cannabis.

Rechaza la Audiencia que resulte de aplicación la doctrina de la autopuesta en peligro de la víctima por haber estado bebiendo con el acusado, por haberse subido al vehículo y por no haber hecho uso del cinturón de seguridad. Lo que se castigan son las acciones del acusado, no las de la la víctima, consistentes en conducir el vehículo a sabiendas de la influencia de las bebidas alcohólicas y drogas, y causar la muerte de uno de los ocupantes del vehículo, por su imprudencia grave.

Tampoco se estima aplicable como circunstancia modificativa de responsabilidad criminal, atenuante de confesión porque solo reconoce el acusado haber consumido bebidas alcohólicas y haberse fumado un cigarro de marihuana a las 17:00 horas del día anterior, pero no confiesa la participación en ningún delito, al contrario, discute la existencia de delito y solicita su absolución, y su declaración en el acto de juicio oral resulta clara: dijo que había bebido poco y que no conducía bajo la influencia ni de bebidas alcohólicas, ni de drogas.